LA ODISEA DEL 6 -12-2006 by Cozibike.
CAPÏTULO 1º- Los cinco se reúnen en la gasolinera.
Llego con sueño a la gasolinera y aparco junto a tres coches que ya estaban allí. Kani y Charo a bordo de uno. Saludo a Txomín que había podido apuntarse a una de sus últimas rutas con nosotros. Seguro que no se le olvidará. También estaba Torcecuellos que se acercó a saludarnos y al final fue convencido para unirse a nosotros. Su presencia debería haberme alertado de que esta no iba a ser una ruta normal pq en la última en la que coincidimos vagó perdido por la ladera viendo preocupado huellas de jabalí….
Partimos dejando mi coche aparcado en la gasolinera puesto que en la baca trasera de José María había sitio para mi bici.
CAPÏTULO 2º- Comienza la aventura.
Llegamos a Fuente La Corcha y sacamos de los coches los trastos de faena. Mañana fresca y soleada. Los primeros kilómetros son suficientes para llenarnos de barro. Vamos hacia el pantano del campanario. Pero antes Charo nos desvía hacia unos curiosos riscos de piedra que conoce en mitad de la arboleda y que sorprende que estén en ese lugar. Subiendo por unos escalones hechos en la piedra vemos desde lo alto Valverde y los alrededores. Un paisaje espectacular. Pese a bajar con precaución no podemos evitar algún que otro resbalón sin consecuencias.
Después de entretenernos allí volvemos atrás para seguir hacia el Pantano. El frío ya se ha ido y el sol hace que disfrutemos del verde en un día de primavera en diciembre. A un lado del camino descubrimos un rarísimo pino que ha crecido en el tronco de otro pino. A simple vista parece una rama muy tupida, pero viéndolo de cerca se descubre que se trata de otro pino que en ese lugar recibe poca luz y sus ramas se apelmazan unas sobre otras. Y en vez de tener las raices en el suelo, se alimenta a unos dos metros de altura del tronco del otro pino.
Bajando hacia el Pantano del Campanario nos llama la atención la cantidad enorme de agua que tiene, no negra como de costumbre sino de un color café con leche, después de que desde todos los alrededores bajase agua de la lluvia con tierra. Al cruzar por el borde del pantano vemos a la izquierda una espectacular catarata.
Dejamos en el pantano a un pescador, esperando con poca suerte que picase algún bla bla; y camino adelante Kani se encuentra una bomba, no de la guerra, sino de bici; que rápidamente incorpora a sus propiedades.
Seguimos repecho arriba repecho abajo, hasta llegar a la carretera. Bajamos por ella en dirección a Sotiel Coronada. En la carretera trato de picar a Kani para dar un apretón, pero sólo lo consigo a la segunda intentona. No cogía la bici desde Cartaya y lo notó. Envalentonado por el asfalto subo a buen ritmo la cuesta que une Sotiel con el Pantano del Calabazar.
Seguimos por el camino de tierra de la izquierda de la carretera. Tenía un letrero que advertía que estaba cortado, pero la cadena estaba tirada en el suelo. Había una señal de tráfico que prohibía ir a más de 20 por hora y un poco más adelante sorteamos una barrera. ¿Tendría todo eso algo que ver con lo que nos encontraríamos después? Al cabo de media hora nos cruzamos con un coche que venía en sentido contrario, y que nos informó que íbamos en dirección a una montería. Ir hacia atrás era imposible. La noche se nos echaría encima seguro. Además el cansancio hacía que ni nos lo planteásemos. Decidimos continuar. Para mayor seguridad Txomín con su impermeable amarillo abría camino. Sería más fácil verlo a él, o en todo caso él sería el primero en ser abatido. Los demás le seguíamos formando un grupito temeroso y compacto. Para aumentar las precauciones Kani y yo ibamos soltando unos silbidos raquíticos en cuanto escuchábamos el más mínimo ruido por los alrededores.
CAPÍTULO 3º.- Sangre en la ladera
Al poco vemos muchos coches aparcados a la izquierda y unos cientos de metros más adelante nos encontramos con un cazador en el camino que, escopeta en mano, nos dice que no se puede pasar.
Él era el puesto número 1 de la montería y había unos 120 puestos por la zona. Su comentario de que no se podía pasar nos molestó y empezamos una charla que pudo fácilmente acabar en discusión. Que se podía pasar lo sabíamos seguro (por mucho que dijese que ese era un camino privado, no era así), pero también teníamos claro que no íbamos a continuar hasta que no hubiese peligro para nosotros (dos horas faltaban para que acabase la cacería, según nos dijo). En la charla aclaramos que lo que dice la Ley lo saben los cazadores (no se puede disparar a menos de 25 metros de un camino). Nos dijo que había disparado 25 metros ladera abajo para abatir a tres jabalíes. No era cierto pq de haberse colocado en ese lugar no hubiese tenido una zona de tiro tan limpia como desde el camino, aparte de que hubiera corrido un enorme riesgo estando ahí mientras pasaban cinco jabalíes a todo trapo como luego nos contó.
Y aunque se hubiese colocado a 25 metros de un camino por el que no pasa casi nadie, si en el momento de la emoción del lance, uno de los animales hubiese corrido hacia el camino; el tiro se lo lleva seguro: él o el mountain biker que tuviese la mala suerte de aparecer en ese momento.
Teniendo claro que no íbamos a continuar, al menos de momento; la charla cambió de tono y empezamos a interesarmos por la montería, preguntando de todo y aprendiendo bastantes cosas curiosas. Cazadores y ciclistas están condenados a molestarse, pero he de reconocer que esa afición es igual de apasionante que la nuestra. Charo, Txomín y yo descendimos ladera abajo para ver de cerca un jabalí joven de 50 kilos y una hembra de 70. Mientras subíamos al camino hicimos una teoría de cómo podía haber sido el lance analizando la sangre en las piedras y las huellas de la última carrera de los animales. Disfruté de la emoción con la que el cazador del puesto nº 1 revivió como abatió tres de los cinco jabalíes que se le presentaron todos juntos desde la derecha. Realmente impresionante puesto que la escopeta solo tiene tres balas (de unos 7 centímetros). Nos contó con pelos y señales el momento… como uno de los puercos dio marcha atrás, como dejó a otro herido yéndose ladera abajo y salio corriendo detrás de él para no perderlo de vista y tratar de rematarlo a cuchillo si hiciese falta…
Antes de lo que pensábamos el cazador del puesto nº 1 confirmó por walkie talkie que la montería estaba terminada. Nos despedimos de él recibiendo la invitación para acercarnos a la comida de la cacería en caso de que al caer la noche aún estuviésemos por la zona. No había que descartar la invitación, sobre todo cuando uno de los cazadores nos dijo que hacía unos días los Land Rover habían sido incapaces de cruzar el río.
En el puesto nº 2 vimos un cazador que ya había subido un jabalí al camino esperando para que pasasen a recogerlo. Le comenté que atrás habían cazado a tres y no se si le amargué el día. En el puesto nº 3 habían caído dos jabalíes más, uno de ellos un macho enorme con unos colmillos que no le cabían en la boca. Íbamos saludando a grupos de cazadores que venían andando hacia nosotros y viendo a los bordes del camino las presas del dia. En total vimos 12 jabalies y cuatro ciervos. Esperaban cazar sobre 20 jabalies entre los 120 puestos, y teniendo en cuenta que solo pasamos por delante de no más de 15 puestos de caza; seguramente esa fue la zona por donde más animales entraron. Me sorprendió cuando los cazadores me confirmaron que hay muchos mas jabalíes que ciervos por esa zona. Muchas veces he visto venados pero nunca jabalíes; y es que es casi imposible verlos pq salen por la noche.
Para disgusto de Charo, todas las piezas estaban destripadas pq el que cobra la pieza tiene obligación de sacarle las vísceras que es lo primero que se descompone. De no hacerlo así los animales estarían hinchados cuando pasasen a recogerlos al cabo de las horas.
Seguimos por ese sendero en busca de la pista. Torcecuellos ya iba notando el esfuerzo del día pq en esa zona las subidas eran constantes, pero en la pista se recuperó.
CAPÏTULO 4º.- La bajada al rio.
La situación de los cinco era variada. Algunos tenían hambre, otros sueño y hambre, y el resto sueño hambre y sed. Nos acercábamos por la pista hacia la bajada del rio Odiel. Al llegar a ella Kani en vista de sus triunfos en el Circuito provincial fue elegido por Txomín, Cozi y Torcecuellos (la experiencia es un grado) para ser el encargado de bajar al rio y ver si podría cruzarse. Probó la cobertura del móvil y tras algunas dudas parecía que finalmente podría hacer una llamada perdida para avisar al resto en el caso de que hubiese buenas noticias.
Charo se unió a Kani en la bajada. Ya tumbados en el suelo a punto de echar una cabezadita, los vimos a los dos perderse cuestón abajo; no sin antes escuchar a Charo llamarnos caguetas, y que el rio lo iban a cruzar si o si.. Les quedaba casi un kilómetro de bajada hasta el río; y otro de tremendísima subida en el caso de que no fuese posible cruzarlo.
El tiempo pasaba y no recibíamos esa llamada perdida. Quizá abajo no hubiese cobertura y ya hubiesen cruzado el río. O quizá no hubieran podido cruzarlo y estaban subiendo la cuesta de regreso. Arriba decimos esperar un rato más antes de bajar. Pero ¿que estaba sucediendo abajo?
Charo fue la que se metió en el agua. Esas pierninas sintieron el agua helada subírsele hasta las rodillas. Avanzó unos 10 metros mientras desde la orilla kani miraba preocupado como el rio bajaba con mucho caudal formando una gran catarata en el escalón. Charo avanzó unos pocos metros más. En ese momento sintió como un temblequeo en las rodillas … se trastabilló… ¡¡¡CHARO!!! gritó kani…
Charo milagrosamente recuperó el equilibrio y escuchó a kani pedirle que se diese la vuelta. No pensaba hacerlo. Como había dicho ese rio lo cruzaba si o si.
Cuando kani vio que reemprendía la marcha le gritó que no lo hiciese, que los reketekemaos la necesitaban, que sin ella todo era un descontrol. Charo pensó en el grupo que lideraba y más convencida que nunca dio cuatro pasos más para adelante.
El agua rompía con fuerza por encima de las rodillas pero ella se equilibraba con las manos en cruz resistiendo la embestida. Entonces un Kani con la inspiración de los desesperados a grito pelado le dijo ¡¡CHARO, SI NO LO HACES POR NOSOTROS HAZLO POR LOS PITERILLAS!! ¡¡DATE LA VUELTA!! Entonces Charo se detuvo, pensó en Mikerillo y en sus pequeños compañeros y lentamente, casi a regañadientes, empezó a retroceder.
Después de una laaaaargaaaaa subida se reunieron con los de arriba quienes les ayudamos a empujar sus bicis en los últimos metros de la cuesta y todos juntos regresamos por nuestros pasos hasta la casa de los Cristales.
CAPÍTULO 5º.- En el apeadero abandonado.
Una vez allí, desde el teléfono de Txomín hablo con RENFE. El último tren salía desde Calañas a las 17,11 y paraba en Los Milanos a las 17,22. Eran las 16,40. No nos daba tiempo a cogerlo en ninguno de los dos sitios… sólo teníamos por delante hora y media de luz antes de que se hiciera de noche. Había que tomar una decisión. Kani era partidario de coger un camino desconocido de la izquierda para tratar de acortar hasta la vía del tren e ir andando por ella hasta el Puente de la Alcolea. Y una vez allí, ya con la noche encima andaríamos sin focos hacia Fuente la Corcha. Txomín ya hablaba de llamar a un taxi. Charo más práctica dejó caer la palabra helicóptero. Yo viendo que en un taxí no iban a entrar cinco bicis con barro hasta el manillar y en un helicóptero tampoco lo veía fácil, desvariaba con la idea de un camión. Sin duda eran los efectos del hambre o que apenas teníamos otras opciones para elegir.
Decidimos pedalear un poco más para enlazar con la vía del tren por una ruta más segura que la de kani. Al final llegamos al apeadero del Cobujón. Estaba completamente abandonado. La construcción derruida no ofrecía ninguna garantía de que un tren se pudiese detener en ella. No se veía un alma por los alrededores. Kani y yo vimos claro que ahí no pararía tren ninguno y que como no fuese imitando a los atracadores que subían al tren galopando a lomos del caballo (en nuestro caso de la burra) sería imposible subirse a él. Así que Kani por la vía y yo por las piedras de al lado comenzamos a pedalear hacia el Puente de la Alcolea. Los demás iban detrás a pie…
Quedaba poco más de una hora de dia y el frio ya se sentía… El panorama que se nos avecinaba era desolador. Sin agua, sin comida salvo en nuestra imaginación, con una larga caminata por delante… O eso o dormir al raso.
Rumiaba esos pensamientos, cuando Charo se encontró con un viejecito que fumando un Chesterfield y llevando un canasto de mimbre medio lleno de setas apareció de entre los arboles…
Casi preguntando por preguntar le dijo si paraba el tren en el apeadero. Cuando el hombre le contestó que si, y que él iba a cogerlo dentro de media hora, casi se nos cayeron a todos dos lagrimones.
Al rato estábamos echando cuentas para ver si los 18 euros que entre todos llevábamos eran suficientes para pagar el trayecto. Aún no habíamos acabado de hacerlo cuando otro compañero de nuestro salvador apareció con más setas. Era conocido del Cozi y se ofreció para dejarnos dinero si hiciese falta. En el último minuto, casi al límite del tiempo, todo se había puesto a nuestro favor. ¡¡ESTÁBAMOS SALVADOS!!
En esa media hora de espera al tren todo era felicidad. Torcecuello nos contó unos chistes con un gracejo insuperable que reímos con ganas. Txomín y Cozí vaciaban la botella de agua mineral de nuestros compañeros de apeadero mientras entre todos empezamos a describir hasta el más mínimo detalle lo que nos ibamos a comer al llegar.
A las 5 y media el tren llegó al apeadero del Cobujón.
CAPITULO 6º- El final de la aventura.
Txomín, Charo y Kani subieron a uno de los vagones. Ellos irían hasta Gibraleón. Torcecuello y Cozi que irían directamente hasta Huelva lo hicieron en el vagón de cola. El revisor no puso ninguna pega cuando vio las bicis colapsando las salidas de los vagones; y por diez euros hicimos un trayecto por el hubiésemos pagado veinte veces más.
Durante el mismo Torcecuello y Cozi tuvieron de compañeros de vagón a una pareja joven con una niña pequeña, que bien merecería un capítulo aparte; pero esa es otra historia.
Al llegar a Gibraleón kani guió a Charo y Txomin hacia la casa de sus padres. No tuvieron que repetirles dos veces si querían torrijas. Su padre después los acercó a Fuente La Corcha para recoger los coches y regresar en ellos a Huelva, donde ya estaban Torcecuello y Cozi. El primero comiéndose un plato de huevos fritos con patatas mientras pensaba que no fue buena idea pedirle a su mujer que lo acercase a Fuente La Corcha para recoger el coche esa misma noche. Su lista de puntos estaba en menos cero.
Cozi por su parte no sabía como acabaría su historia. Las llaves de su casa y del coche estaban en Fuente La Corcha; en el maletero del coche de Torcecuellos. Desde la estación de Huelva pedaleó con ganas hasta su edificio y llamó a la vecina. Afortunadamente estaba en casa y pudo dejarle la copia de las llaves de casa. Entró solamente para coger del armario la copia de las llaves del coche y se fue pedaleando hasta la gasolinera para recoger el coche que había dejado allí por la mañana hacía 10 horas.
Al volver a entrar en casa empezó a picar cebolla. Cuando Charo y Txomín llegaron a Huelva se unió con ellos teniendo preparada una olla hasta arriba de pollo con arroz y otra cacerola de chuletas con patatas. Nos sentamos a la mesa con la relajación que da una buena ducha caliente, pero con un agujero en el estómago. Una hora después ya no había agujero. Al calorcillo de la mesa camilla podíamos ver a través del cristal de la terraza la oscuridad de la noche… una noche fría y oscura… y por los alrededores de el puente de la Alcolea seguro que sería mucho mas fría y oscura.
Pocas veces hemos cenado tan a gusto; pero ¿tendremos tanta suerte la próxima vez?